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Yuracarés que habitan en el TIPNIS

Santa Cruz, 15 de agosto de 2018

La población es de 6.042 indígenas y su lengua es el yuracaré. El hábitat tradicional de los yuracaré fue muy amplio: el río Isiboro, al unirse con la parte baja del río Sécure y el río Ichilo, en las nacientes del río Mamoré, comprendiendo los ríos Chimoré y Chapare (CochabambaBeni, Santa Cruz); comprendía también la zona montañosa de la Cordillera de Mosetenes (La Paz) y en el Bosque de Chimanes (provincia Ballivián, Beni).

En el siglo XX, los yuracaré también migraron hacia el norte, a las tierras bajas de la provincia Mojos. Con esa base ocupacional antigua, en la actualidad los yuracaré comparten algunas tierras en la TCO de T´simanes, en el Territorio Indígena Multiétnico (TIM), en la TCO Yuqui, e incluso hay asentamientos en la TCO Mosetenes (San Pedro de Cogotay y Covendo).

Los principales territorios de los yuracaré están en el Tipnis, en las provincias Mojos y Chapare, la TCO Yuracaré-Mojeño en la provincia Ichilo de Santa Cruz y la TCO Yuracaré en las provincias Chapare y Carrasco de Cochabamba. El Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro-Sécure (Tipnis) les fue otorgado a los yuracaré conjuntamente con los indígenas mojeño trinitario y tsimane, por Decreto Supremo 22610 en 1990, con título ejecutorial en 2009.

En el Tipnis habitan comunidades o familias yuracaré en los ríos Isinuta, Isese, Moleto, Ichoa y Chipiriri, asentadas en Puerto Aurora, San Jorgito, Santa Ana, Bolívar, San Pablo, Puerto San Francisco, Puerto Patiño, Sasama, Chimimita, Chajmita, Plantota, Tayota, Lojojota y otros. Algunos de estos puntos representan importantes asentamientos multiétnicos. El medioambiente y los recursos naturales del Isiboro-Sécure tienen características peculiares, por estar comprendidos entre las últimas estribaciones de la Cordillera Oriental y los llanos de Mojos y así abarca dos zonas geográficas: la de pie de monte boscoso y la de las llanuras, pero es en los bosques donde se desenvuelve la mayoría de la sociedad yuracaré. En el año 2000 los yuracaré lograron finalmente la titulación de su demanda étnica de la TCO Yuracaré (aunque en permanente conflicto con terceros).

Actualmente son 21 las comunidades yuracaré de la TCO titulada; entre las principales están: Boca del Chapare, Remanso, Limoncito, Santa Rosa, Nueva Cotoca, El Carmen, Barranquilla, Santa Ana, Nueva Esperanza, Trinidacito, Nueva Galilea, Misiones, Ibarecito, Puerto Cochabamba. La TCO se encuentra entre 167-234 msnm, con una temperatura promedio de 24° C y una precipitación anual de 2.513 mm.

En esta etnoregión se presentan dos épocas climáticas: la seca y la de lluvias. La época seca empieza en mayo y concluye en octubre, mientras que la época de lluvias se extiende desde noviembre hasta abril. En la época seca se realizan las actividades agrícolas de chaqueo y siembra, y por tanto hay un incremento de la demanda de mano de obra. Paralelamente se desarrollan las actividades de caza y pesca (la caza se realiza aún con arco y flecha, pero en las zonas colindantes con las de los colonizadores, los yuracaré ya usan rifle “salón” y escopetas); en la temporada de lluvias se realizan algunas cosechas (arroz, plátano, guineo, chocolate, etc.).

La base alimentaria fundamental de más del 90% de las familias yuracaré son los productos de la agricultura tradicional de subsistencia de los chacos (arroz, maíz, plátano, guineo, yuca), complementados con productos obtenidos del bosque y últimamente con la incorporación de cítricos, café, maní, frejol, zapallo.

Las actividades económicas de los yuracaré se están diversificando en los últimos tiempos, a partir de su creciente sedentarización como agricultores estables, habiendo introducido, por ejemplo, en las zonas media y baja, la recolección de cacao silvestre, recurso no maderable del que se benefician en la época lluviosa, cuando colapsan los cultivos y los platanales por las inundaciones: siendo que el cacao silvestre se autofertiliza.

El ingreso de los comerciantes a la TCO ha afectado de gran manera la alimentación de las familias yuracarés, introduciendo abarrotes y mercancías con comida suplementaria y sustituta de una alimentación sana. Además, el hábitat está siendo intensamente depredado en su fauna y en su flora por los empresarios madereros, con los que hay convenios, y los colonizadores, con quienes solo tienen conflictos.

La organización social de los yuracaré se da básicamente a través de los lazos de parentesco consanguíneo y de alianza endogámica, constituyéndose la familia nuclear en la base de una red de relaciones, que empieza agrupando de dos a cinco de ellas en un asentamiento, que tiene o tenía autosuficiencia para la producción y la subsistencia del grupo.

En la esfera de las expectativas productivas de mayor alcance de los yuracaré, su principal potencial lo constituyen las 60.000 hectáreas de bosque para su aprovechamiento bajo un plan de manejo forestal para 20 años. Cada año, la Autoridad de Bosques y Tierras (ABT) establece un Plan Operativo Anual Forestal de 1.600 hectáreas. Esta superficie es distribuida anualmente por zona, debiendo hacerse consiguientemente la distribución de beneficios económicos entra las familias que habitan cada zona; la explotación del 28% del conglomerado forestal se encuentra en una categoría comercial de maderas finas.

También hay que resaltar la existencia en el territorio de 22 lagunas naturales, aptas para la cría de peces y el manejo del lagarto yacaré (Caiman yacaré) que proporciona cuero y carne. Entre los aspectos negativos destaca el hecho que los yuracaré no han podido sustraerse a la venta de su fuerza de trabajo. La pobreza que los lleva a esta situación ya ha mostrado la existencia de relaciones de explotación viles por parte de empresarios madereros o propietarios colonizadores mediante el endeudamiento forzado.

Etnohistoria yuracaré

La primera noticia la encontramos en la relación del sacerdote dominico Tomás Chávez, de 1639. El padre José del Castillo, en 1676, da noticias más amplias sobre este grupo, al que encontró a orillas del río Yapacaní. La región descubierta entonces, que es el actual TIPNIS, era la ruta que buscaban posibilitar los misioneros españoles para dirigirse a Mojos desde Cochabamba y lograr comunicación directa con las misiones jesuíticas del río Mamoré.

Según Barragán (2000), los yuracaré ocupaban a finales del siglo XVI los territorios comprendidos entre Charcas y Santa Cruz; Murillo Mendoza (2014: 70) acota: “Durante el s. XVII yuracarés y chiriguanos al parecer tienen una alianza y atacan juntos la Doctrina de Yungas-Mizque”. Según estos historiadores, los documentos oficiales de la época muestran que, en 1626, 1641 o 1648 se levantaban serias quejas contra los yuracaré que –se decía– impedían el progreso de las comunicaciones entre Cochabamba y Santa Cruz.

En 1775, fray Marcos Menéndez, en la senda que siete años antes había abierto el obispo Herboso de Santa Cruz de la Sierra, toma el primer contacto pacífico con los yuracaré “en las inmediaciones del río Chapare, donde había ciento cincuenta indios, quienes lo recibieron con alegría” (Priewasser, citado por Murillo Mendoza, 2014: 51). Entonces siguieron las reducciones yuracarés de 1789 (San Carlos de Yapacaní), 1793 (San Francisco de Asís del Mamoré) –ya se habían fundado las misiones de Buena Vista y Santa Rosa del Sara– y en 1795 la de San Juan Bautista del Coni.

A partir del siglo XIX se pusieron varias misiones franciscanas como cabeceras para la cristianización de los yuracaré: las de Mamoré, Chimoré, Coni, Vista Alegre, Concepción, San Carlos y Bibosi. Desde la segunda mitad de ese siglo empezó la colonización republicana del Chapare, formándose varios pueblos. Los yuracaré fueron ya desde entonces empujados hacia las tierras más selváticas y difíciles de habitar, al norte. Varios yuracaré eran utilizados como peones en la apertura de caminos, construcción de puentes y como cazadores-pescadores para los colonizadores quechuas. Con la fundación de Todos Santos, en 1920, esta situación se recrudeció; en los años sesenta del siglo xx, los misioneros del intentaron entrar en sus pueblos, pero sin éxito, y los yuracaré volvieron a aislarse en el monte hasta hace unas pocas décadas.

Situación sociopolítica

Actualmente, la presión de los colonizadores aymaras y quechuas, así como de los sindicatos campesinos de cocaleros, altera gravemente la vida de los yuracaré. Ellos rehúyen el contacto y las consiguientes relaciones de intercambio desigual y asimétrico que imponen los collas (König, 1993). Cuando cobró vigencia la Ley de Participación Popular se llegaron a establecer dos distritos municipales indígenas yuracaré: uno en el municipio de Villa Tunari, provincia Chapare, y otro en el municipio de Puerto Villarroel, provincia Carrasco: algunos dirigentes consideran esa experiencia como una referencia para empezar a pensar sus estatutos autonómicos. Los yuracaré tomaron conciencia de la necesidad de protegerse ante las amenazas externas y así, primero se afiliaron a la Subcentral del TIPNIS, a la Subcentral del Bosque de Chimanes, a la Subcentral de San Ignacio de Mojos (TIM) y a la Cpemb.

Formaron el Consejo Indígena del Pueblo Yuracaré (Coniyura), que junto al Consejo Indígena Yuqui compone la Central de Pueblos Indígenas del Trópico de Cochabamba (Cpitco), organización regional de la Cidob.

Prácticas y creencias étnicas

Se los considera un pueblo indígena cristianizado; se ve también que sus formas organizativas autárquicas, el interés real de la conservación de la lengua materna entre los yuracarés mayores de 30 años, su conocimiento profundo del comportamiento de los ríos y de la selva como medio ambiente y otros factores de su etnicidad.

El chamán (hay varios entre los yuracaré) y los curanderos también tienen un cierto grado de influencia sobre la gente, aunque no de decisión. Aún está por conocerse cuánto han perdido los yuracaré en las últimas décadas de su trasfondo cultural cosmogónico, mitológico y de creencias ancestrales que organizaban su identidad étnica profunda, y cómo pueden recuperarse frente a la sistemática aculturación a la que han sido sometidos.

Fuente:

Compendio de etnias indígenas y ecoregiones de Bolivia Amazonía, Oriente y Chaco de Álvaro Díez Astete. 2018.

 

Más información

https://tipnisbolivia.org/

 

 

 

 

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